La diferencia clave es la intención del usuario. Google Ads capta demanda que ya existe: muestra tus anuncios a quien busca lo que ofreces. Meta Ads genera demanda: interrumpe con contenido atractivo a un público que no te buscaba pero encaja con tu cliente ideal. No compiten: resuelven momentos distintos.
¿Cuándo conviene Google Ads?
Cuando hay búsqueda activa: vendes algo que la gente busca por su nombre, el ticket es alto, hay urgencia o quieres capturar a quien ya está listo para comprar. Su fortaleza es la intención; su límite, que solo llegas a quien ya busca.
¿Cuándo conviene Meta Ads?
Cuando necesitas crear interés o recordar tu marca: producto visual, público que aún no te conoce, retargeting (recuperar a quien visitó y no compró) o construir comunidad. Su fortaleza es la segmentación; su reto, que la creatividad lo es casi todo.
¿Se pueden combinar?
Sí, y suele ser lo óptimo: Meta genera descubrimiento, Google captura a quien luego te busca, y el retargeting cierra a quien mostró interés. Cada plataforma hace lo que mejor sabe y el conjunto rinde más que la suma de las partes.

